Visita al hospital 2 de junio

3 junio 2012
amor_Francisco Pimiango

Autor: Francisco Pimiagno

Locos. Con narices rojas. Y mucha voluntad. Voluntad para hacer reír a otros locos, aunque estos últimos no lo sepan. Esta podría ser una aproximación a lo que hacemos cada vez que visitamos el hospital. Todos locos, porque siempre he creído que en la locura se encuentra la genialidad. Sin excepciones. Si no nos atrevemos a enloquecer, no aprenderemos a crear.

Pero a veces esa locura choca con escenarios duros. Cotidianos, por desgracia, para algunos, pero para mí un mundo frío, el de las máquinas alrededor de las camas, el del olor a limpieza obligatoria y necesaria porque estás en un lugar frágil. Y nuestra tarea se vuelve cada vez más difícil, hay biombos que te dicen que alguien está aislado, caras largas… Y escondes tu locura, te vuelves racional, y sólo cuando te das cuenta de que lo único que puedes hacer es algo precioso, es cuando recuerdas que puedes ser elefante, pasarte una luz supersónica  o dormirte al son de una flauta mágica mientras “Escamitas” te ve desde el gotero. La UCI es uno de los escenarios más difíciles, pero, si nos rendimos, renunciamos a nuestra locura. Y esa no es una opción válida.

La siguiente parada fue preescolares de nuevo, donde las edades les permiten seguir creyendo que podemos ser magos muy patosos, o donde de un miedo inicial a los payasos se acaban riendo. Como dijo Pachucho, estamos para que todos lo pasemos genial, asustándonos de pulpos bajo la cama o encontrando doctores que hemos estado buscando durante muchas, muchas horas.

Y vosotr@s, pequeñines con apenas unos meses de vida, que nos miráis con unos ojos enormes, os comprendemos. Cuando tú dices “ta ta ta” quieres que suene de nuevo la flauta y respondamos “ta ta ta”. O que suene la cajita de música. Con muy poco nos dais muy mucho.

Queda mucho por hacer. Seguimos creciendo.

Fonendín


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