Carta de Silvia

Hola Gonzalo, ¿qué tal?

Soy Silvia, alumna del taller de clown de marzo (la flautista).

Al final me lancé e hice el concierto para los peques con mi nariz de payaso. Después del taller no estaba muy segura (¡se me dio tan bien fracasar, que pensaba que no sería capaz de otra cosa! Aunque, por otro lado, eso me animaba porque, al menos, si fracasaba en el concierto podría soportarlo -o eso pensaba). Estaba aterrorizada, lo confieso. Pero, dado que mi amigo y compañero de trabajo había invertido ya unas cuantas horas de su tiempo para ayudarme con la música, decidí que tenía que hacerlo.

Al principio tenía un guión bastante detallado, pero después del taller de clown empecé a recortar cosas (“esto no es bastante estúpido”, pensaba). Además, nos habías dicho que, aún teniendo un guión, el clown improvisa mucho. Así que reduje mi guión a lo más esquemático posible y me lancé, aterrada, al escenario. Y entonces no me bloqueé tanto como en el curso, es extraño… Creo que la atención, las expectativas, la sorpresa y las risas de los niños me ayudaron mucho (y también mi compañero, al que le pedí una hora antes del concierto que interviniera en escena -a él sí que se le da bien improvisar…). Al principio lo estaba pasando mal, incluso me temblaba la mano y el sonido de la flauta (algo que no suele ocurrirme en el escenario, normalmente mis síntomas de estar nerviosa en concierto son otros). Pero según avanzaba el concierto, y gracias a la respuesta de los niños, me fui sintiendo a gusto. Y llegando al final, incluso llegué a sentirme muy bien y a disfrutar con lo que estaba haciendo (por supuesto, se me sigue escapando la risa, sobre todo con algunas ocurrencias de mi compañero de escena, no lo puedo evitar…).

Fue una sensación fantástica, muy diferente a la que me produce tocar en concierto.

Supongo que no se puede decir que fuera un número de clown en sentido estricto, en estado puro, ya que nos dijiste que el clown es un caradura, alguien que no sabe hacer nada y aun así sale al escenario. Mi clown toca la flauta, ¡qué le vamos a hacer!, pero es que se trataba de un micro concierto de flauta… Quiero decir en mi defensa que preparé el concierto con muchísimo respeto (hacia vosotros, que hacéis clown lunes tras lunes), y con cariño, y sabiendo que el flop podría convertirse en el protagonista principal de la tarde. Por suerte, no fue así.

Pues que parece que al final, y pese a haber hecho sólo medio taller y un poco más, sí que he aprendido cosas sobre el clown. ¡Y me encanta!

Un abrazo.

Silvia.

P.D.: Te presento a Piccolina.

Probando, probando...

 

Piccolina, nuestra flautista de Hamelin

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