La maleta terapéutica

31 mayo 2013
la maleta

Sonrisa y Cocorina

Toc, toc! Corina se asomó justo unos instantes antes de que el dolor llegara y entonces ocurrió, él se enamoró de nuestra maleta y las ganas de que entráramos aumentaban. Pero nos tocaba esperar a que pasara el pinchazo.
Sólo fueron unos segundos los que la vió y esos segundos fueron mágicos pues el dolor se quedó a la puerta con nosotros mientras el niño estaba dentro. Está claro, fue la maleta, la maleta terapéutica que atrapó el dolor y no le permitió entrar o quizás fueron las ganas de que Cocorina y Sonrisa entraban a ver qué armaban…
Preparados, listos y allá entran las dos payasas buscando al doctor que les cure la pupa. ¡Qué bien! Le encontramos sentado en la cama dispuesto a sanarnos. La maleta a su disposición y con cosquillas de dedos de animales echó la pupa fuera ¡Qué médico tan genial! Entonces vino la fiebre, el termómetro llegaba hasta el techo de lo alta que estaba: 273859027 centímetros jardecan!!, pero sacó el abanico que sólo él sabía usar y la fiebre se marchó para no volver.
Ya estábamos curadas gracias a nuestro médico para hacer un poco más de magia a la que los animales quisieron quedarse. Pero qué listo nuestro doctor que nos descubrió el truco y la satisfacción le desbordó en forma de carcajadas. Aún así a Sonrisa le hicieron falta tres intentos para adivinar el animal que él había elegido.
La cosa no acaba aquí, resulta que el primer animal que Sonrisa había sacado era el que él en un principio había pensado, y eso que nuestro doctor no dejaba entrar a todo el mundo en su consulta 😉
Gracias por todo, nunca te olvidaremos.
Cocorina y Sonrisa.


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